La Vida es Sueño

DATOS DE LA OBRA

Título: LA VIDA ES SUEÑO (Auto Sacramental - 1673).

Autor: Pedro Calderón de la Barca.

Adaptación: Cngo. Alexis Louvet.

El grupo Teatro de la Barca, el Coral Sacro de la Universidad Católica de Santa Fe y el Seminario Provincial de Ballet, presentó LA VIDA ES SUEÑO. Un espectáculo con más de 30 artistas en escena que conjuga tres disciplinas artísticas: el teatro, la música y el ballet, al servicio de la poesía y el drama inmortales surgidos de la pluma de Pedro Calderón de la Barca. El estreno se llevó a cabo el domingo 3 de julio a las 18:30 hs en la Sala Mayor del Centro Cultural Provincial “Francisco Paco Urondo”, Junín 2457, Santa Fe.


FICHA TÉCNICA:

Elenco: Laura Reyero (Agua), Estela Donadio (Aire), Miguel Yualé (Tierra), Camila Fusco (Fuego), Marcelo Rebechi (Poder), Gabriela Gentina (Amor), Dino Montrucchio (Sabiduría), Exequiel Bordoy (Príncipe), Silvia Martinez (Culpa), Candela Cristaldo (Gracia), Marcos Bermudez (Hombre), María de los Ángeles González (Entendimiento), Mariana Giansanti (Albedrío).


Ballet: Azul Alem, Jimena Cardú, Verónica Coudannes, Daiana Holzmans, Constanza Raimondi, Josefina Romay López, María de los Milagros Valli, Luisina Zingerling.


Coro: María Cecilia Aguirre, María de los Ángeles Aguirre, Adrián Armando, Luis Capodacqua, Sandra Carreño, Luis Catoy, Candela Cristaldo, María Emilia De Feo, María Alejandra Díaz, Carolina Facio, Daniel Gastaldello, Elisabet González, María Laura Moro, Gastón Moyano, María Belén Navarro, Carlos Ariel Pieck, Esteban Piva, Macarena Piva, Magdalena Piva, Sofía Quintana, María Rosario Serralunga, Javier Santiago Sifón.

Preparación Vocal:María Cecilia Aguirre

Piano: Alejandra Bontempi

Dirección del Coro: Miguel Piva.

Dirección del Ballet: Betty Sture.

Dirección de actores: Mariana Mathier y Mariano Rubiolo.

 

Asistencia: Elsa Doval.

Asesor artístico: Sergio Cangiano.

Asesor espiritual: Cngo. Alexis Louvet.
 

PUESTA EN ESCENA

Como todo el teatro barroco “La Vida es Sueño” es una obra coral, que requiere de distintas ramas del arte. Calderón dejó especialmente anotadas varios cantos para coro y solistas, así como se deja entrever también la necesidad de danza y bailarines. Por eso el grupo Teatro de la Barca ha invitado a sumarse para la puesta en escena de este clásico a la reconocida maestría de María Elisabeth ("Betty") Sture junto a integrantes del Seminario Provincial de Ballet, así como al destacado talento de Miguel Piva y el Coral Sacro de la Universidad Católica de Santa Fe.

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SINOPSIS
La vida presente es sueño, o mejor: la pasamos dormidos, sin tomar conciencia de lo que somos, podemos y valemos. Sólo la libertad humana (guiada por la inteligencia e iluminada por la gracia) podrá hacer que esta vida “sea buena o sea mala”. Una reflexión poética, filosófica y teológica sobre esa paradoja que es el ser humano, nudo donde confluyen el cielo y la tierra, lo noble y lo mísero, el tiempo y la eternidad.

CLAVES PARA UNA OBRA BARROCA

A sus setenta y tres años Don Pedro Calderón de la Barca reescribe una obra que había escrito a los treinta y cinco: “La Vida es Sueño”, transformándola en un Auto Sacramental (el teatro alegórico que se representaba en la solemnidad del Corpus Christi). La reescribe completamente como un gran símbolo de la Historia de la Redención.

El príncipe Segismundo es ahora “el Hombre”, el Rey su padre se ha transmutado en la Divina Trinidad (El Poder, la Sabiduría y el Amor), sus consejeros en las dos capacidades humanas (el Entendimiento y el Albedrío), sus vasallos son todas las creaturas del universo divididas según la física antigua en los cuatro elementos (Fuego, Aire, Agua y Tierra). La princesa prometida es ahora “la Gracia” (llamada también Luz), y sus enemigos encarnizados serán “la Culpa” (llamada a veces Noche) y “El Príncipe” (llamado Lucero –Lucifer– representado como un primer hijo soberbio y desheredado). Tenemos así el simbólico número de trece personajes (doce mas uno: el Hombre como centro del universo) que llevan adelante la gran alegoría en la que Calderón aúna teología, poesía, filosofía, astronomía y cosmología. La vasta erudición del poeta, su profundidad teológica y la infinidad de sus sub-textos hacen que sea un calidoscópico ejemplar del teatro barroco del siglo de oro, que siempre se escapa a la comprensión “clara y distinta”, pues evoluciona, vive, cambia y crece delante de los propios ojos hasta escapar del ángulo visual del espectador.

 

Asistiremos en primer lugar a la conflagración caótica de los cuatro elementos: las fuerzas del universo sin orden ni armonía debe ser pacificadas por la Voluntad de Dios, que proporcionará un delicado equilibrio entre el amor y el odio de los elementos, y así permitirá la expansión del tiempo y del espacio, la diversidad de creaturas y la historia natural del mundo.

 

Se narra a continuación la rebelión del primer Ángel, el Príncipe “Lucero” (Lucifer, llamado por Jesús “príncipe de este mundo”). Y la decisión de crear al ser humano a pesar de todos los pronósticos contrarios. La antigua cuestión de por qué Dios crea al hombre sabiendo que va a pecar tiene una respuesta profunda y evangélica: El Padre –el Poder– previendo en su Sabiduría –el Verbo– que el hombre va a pecar, es movido por su Amor –Espíritu Santo– a crearlo (porque, como dice: “siempre inclino más el Poder al Amor”). Le otorga así a la humanidad el beneficio de la duda: la libertad dada al hombre es tan auténtica que no es realmente previsible –no es “necesaria”– y “no fueran, coartado al hombre el arbitrio, ni mérito las virtudes ni demérito los vicios”.

 

Cada elemento aportará para su creación, ya que el hombre será él mismo un microcosmos (“de todo el mundo dueño, sea otro mundo pequeño”). Colocado finalmente en el Paraíso terreno será puesto a prueba para ver si puede ser rey y esposo de la Gracia (“por sí pueda perderme o por sí ganarme pueda”). La cuestión del libre albedrío es central en toda la obra (como por lo demás en la cosmovisión cristiana). El destino del hombre (y del mundo) ha sido puesto en sus propias manos (“este imperio y tu Empíreo por sí mismo ha de ganarle o perderle por sí mismo”).

 

El primer paso del Hombre es un tropiezo: se enfrenta directamente con la paradoja de sus limitaciones y la amplitud infinita de su deseo. La Gracia le advierte que la sabiduría divina lo ha dispuesto así, ya que el hombre, como un niño recién nacido, debe formarse en el camino de la virtud, debe aprender a usar bien esa libertad. La escena da pie a la reescritura de uno de los monólogos más famosos de Calderón.

 

La psicología del pecado es agudamente descrita en todo su proceso mediante una poderosa imagen teatral: el Hombre “despeña” a su Entendimiento, imponiendo la fuerza de su Albedrío, como condición previa a la caída. Luego, con la misma penetración se describe la percepción de la culpabilidad (un monólogo del Hombre que constituye una de las joyas de toda la obra: “¿Qué frenesí, qué letargo, qué ira, qué rabia, qué furia se va de mí apoderando?”) y la imposibilidad humana de escapar de esa condición de prisionero de la Culpa, si no es por una intervención de la Misericordia divina: La encarnación, muerte y resurrección de Jesús.

 

La teología de la redención es descrita en términos de “sustitución vicaria”: La Sabiduría (el Verbo de Dios) se hace Hombre: “el Peregrino” que libera al prisionero y se coloca en su lugar para recibir el golpe mortal de los enemigos (para dar “a infinita culpa, infinita recompensa”). Toda la naturaleza está en sintonía con el destino del ser humano: toda ella queda limitada, ensombrecida, cuando cae el hombre, y al contrario, toda ella se vuelve sacramento de vida y salvación tras el anuncio del Evangelio (resumido en el leit motiv “Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra”). Así, cada elemento aportará finalmente su materia para ser signo de Dios mismo y de su gracia (el Agua y el Aire en el Bautismo, la Tierra y el Fuego en la Eucaristía).

 

La cuestión central de la obra, expresada en su título, ha sido un tema de constante reflexión para Calderón y sus contemporáneos. Sustentado en una relectura cristiana del mito platónico de la caverna, se interroga sobre la consistencia y realidad de nuestra existencia presente y sus relaciones con la eternidad: contrariamente a la expresión de Shakespeare (su contemporáneo) morir no es dormir sino despertar. La vida presente es sueño, o mejor: la pasamos dormidos y no tomamos conciencia de lo que somos, podemos y valemos. Sólo la libertad humana guiada por su inteligencia e iluminada por la gracia podrá hacer que esta vida “sea buena o sea mala”.

 

Queda finalmente pendiente la pregunta sobre el sentido de nuestra existencia y nuestro arte: “¿Quién me dirá si teatro, que a la vida representa, es victoria o es tragedia?” A la que Calderón se anima a darnos una respuesta paradójica y al mismo tiempo profundamente positiva, tal como se desprende del misterio de la Muerte y la Resurrección de Cristo. Respuesta que no es otra que una gran proclamación de la Misericordia divina (“Gracia, perdón, amparo, asilo, piedad, refugio y clemencia”).